Asertividad en el trabajo
Una vez hemos
conseguido acceder a un lugar de trabajo, nuestros esfuerzos se
han de dirigir no sólo hacia un rendimiento óptimo
en las tareas encomendadas, sino que también se han de adquirir
y mantener unas buenas habilidades sociales, unas relaciones con
nuestro entorno laboral que den un valor añadido a nuestros
conocimientos y capacidad respecto a la profesión que ejercemos.
Es necesario practicar una conducta asertiva, una conducta que no
sea ni pasiva ni agresiva.
El trabajador
pasivo es el que dice a todo que sí, sin defender ni expresar
sus opiniones, necesidades y derechos tanto personales como profesionales.
Una conducta pasiva deja tomar ventaja siempre a los demás,
compañeros y superiores, los cuales se aprovechan imponiendo
por norma su criterio. Dicha conducta provoca una carga emocional,
disgusto e inevitablemente conflictos a largo plazo, pues la frustración
crea disposición a la agresión, la tristeza y/o la
indiferencia, conductas y sentimientos que disminuyen la eficacia
a la hora de rendir en el trabajo y relacionarse con los otros trabajadores
de forma enriquecedora.
El trabajador
agresivo es aquel que sí defiende y expresa sus deseos, opiniones
y derechos, pero a través de una conducta hostil, reacciones
exageradas de ira, peleas y amenazas. Una conducta agresiva no tiene
respeto por los demás, y los compañeros tienen miedo
y/o se alejan, lo cual lleva al trabajador agresivo a padecer sentimientos
de culpa y aislamiento, entrando en un círculo de resentimiento
y enfado difícil de romper.
Es necesario
controlar la rabia para mejorar el ambiente laboral. Se tiende a
acumular pequeños enfados ante la violación de nuestros
propios derechos, por lo que surge la susceptibilidad y la descarga
de cólera ante amenazas y provocaciones mínimas. Es
más efectivo y adecuado solucionar los problemas que nos
incomodan exponiéndolos con respeto a aquéllos que
estén implicados. Así, se puede conseguir que te escuchen
y la posibilidad de llegar a acuerdos para conseguir lo que deseas.
Es también
conveniente manejar la timidez y el miedo en el trabajo. Vencer
la baja autoestima, creer en las propias posibilidades y afrontar
el miedo de arriesgarte a las consecuencias de tus manifestaciones,
desciende la frustración y rompe con los bloqueos emocionales.
Es preferible que los demás sepan lo que piensas para que
puedan actuar en consecuencia, y lo podrás conseguir haciendo
desaparecer el miedo actuando, pero siempre teniendo en cuenta tus
propios derechos y los de la otra u otra personas.
Una conducta
asertiva facilita un flujo adecuado de información en los
grupos de trabajo y potencia la creación de más de
una solución a los posibles problemas laborales que vayan
surgiendo en el día a día. Dichos problemas saltan
a la luz y si se han transmitido de forma asertiva, surgen diversas
alternativas y puntos de vista al respecto, permitiendo una resolución
más razonable del problema.
Así que
ni pisotear ni ser pisoteado, si respetar y ser respetado, no sólo
en el entorno familiar, amigos... sino con más importancia
en el lugar donde trabajamos y normalmente pasamos parte del día.
Mónica Hernández
Psicóloga de ISEP Clinic Manresa
clinic.manresa @ isep.es
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